La paz al tablero

Autor(es): Cristian Andrés Longas Oquendo | Fotos: Ilustraciones: Lorena Cantor Sandoval -lorenosa@gmail.com | Etiquetas: Medellín

La paz al tablero

“Lo que queremos desde ANDES (Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria) es que las Cátedras de Paz no sea una nota más o una hora más de clase, sino que sea un espacio independiente, de los y para los estudiantes, donde no sea el profesor quien dé la clase, sino que sea una construcción entre todos” Jéfferson Zuluaga Tabares, integrante de este movimiento.

La educación ha sido una herramienta para la construcción de la paz desde antes que se pusiera de moda en Colombia. El ejercicio de la “cátedra” y el concepto de “paz”, han venido de la mano desde que se dio la necesidad de hablar de la guerra que afectaba al país, así como la paz que se añoraba. Son múltiples los escenarios que ahora le tocan; escenarios diferentes, que en algunos casos pugnan entre sí, pero que al fin de cuentas buscan una misma meta: que se hable del tema.

Desde hace dos años, estas jornadas pedagógicas se pusieron en boca de todos luego que el Congreso decretó que: “con el fin de garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia, establézcase la Cátedra de la Paz en todas las instituciones educativas de preescolar, básica y media como asignatura independiente” como bien dicta el Artículo primero de la Ley 1732 del 2014.

Sin embargo, esta ley no contempla estrategias puntuales como sí lo hace el Decreto 1038 del 2015, el cual termina de encaminar los esfuerzos del Gobierno para que lo dicho en La Habana y lo que se construya después de firmar el acuerdo de paz, tengan un lugar donde llegar en las escuelas. “El plan no es que sean muchos esfuerzos para atender a unos resultados por trámite de la legislación escolar, sino uno solo en que se articulen todos los objetivos” aclara María Isabel Ortiz, directora técnica del Centro de Innovación del Maestro (MOVA), y agrega que no se pretende mirar las cátedras como una asignatura del plan de estudios, sino que las materias se acojan de manera integral para que en una serie de actividades se puedan cumplir las metas que enuncia el decreto.

Según el artículo cuarto del presente decreto, estas jornadas están constituidas por doce componentes, que van desde el uso sostenible de los recursos naturales y protección de las riquezas culturales y naturales de la Nación; hasta el tema de memoria histórica y resolución pacífica de conflictos.

No obstante según el decreto, las instituciones educativas deben escoger solo dos de estas temáticas, lo que resulta, en palabras de Santiago Ortiz, coordinador de las Cátedras de la Paz desde la Asociación de Instructores de Antioquia (ADIDA), en un currículo poco integral, debido a que excluye a las otras temáticas propuestas y las que no están delimitadas en el mismo, pero que también son importantes abordar y reflexionar en los instituciones educativas.

Siguiendo con la línea que plantea el decreto, las instituciones educativas podrían elegir no trabajar temas que no les son cercanos o que no vayan en una ruta de trabajo preestablecida. Además, quedarían excluidas discusiones que antes no se tocaban y que ahora se ponen en la mesa. Contenidos como los de diversidad y pluralidad quedarían fuera de estas jornadas, si la institución llegara a considerar de poca relevancia hablar sobre diversidad sexual o pluralidad religiosa, por ejemplo.

Esto adherido al hecho de que serían en las clases de ética, ciencias y sociales en las que se dictarían estas cátedras, asumiendo con ello que es poco probable que estas discusiones puedan asomarse en los trazos de las clases de artística o en las cuentas de los cursos de matemáticas. Para el coordinador de ADIDA, la exclusión de los demás componentes sorprende por el hecho de que estos también tienen una vinculación con las reflexiones que se exponen en el mencionado decreto.

Para demostrar que es posible conciliar las matemáticas con la política y las artes con la memoria histórica, el coordinador Ortiz sugiere dos ejemplos: en un primer momento propone situaciones sobre la tesorería estatal y el gasto público, como los costos de un soldado al día comparándose con los de un estudiante universitario al año; en cuanto a las materias de artística, las presenta como puente entre los relatos detrás de las esculturas, pinturas o lugares simbólicos y la historia patria.

Así como ya hay una jurisdicción que ha puesto a rodar el decreto y la ley en las diferentes instituciones municipales, también existen diversos actores y gruesos comunitarios que le apuestan a estas jornadas pedagógicas, cada uno con voz propia. En el caso del MOVA, su apuesta pedagógica va de la mano de los maestros, quienes encuentran en los espacios de esta entidad un lugar donde reforzar conocimientos y métodos de enseñanza que tengan el tema de la convivencia en las escuelas como eje transversal. Para tal propósito, han construido espacios como Escuela Viva, donde académicos expertos en los temas de paz dan luces sobre la actual coyuntura social y política.

Acciones de este tipo también han sido impulsadas por estudiantes, quienes ven en estas cátedras una oportunidad de alzar su voz y ganarse un lugar protagónico en la discusión. Organizaciones como la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria (ANDES) han hecho carrera en este tema. Su propuesta es clara: “Lo que queremos desde ANDES es que las Cátedras de Paz no sea una nota más o una hora más de clase, sino que sea un espacio independiente, de los y para los estudiantes, donde no sea el profesor quien dé la clase, sino que sea una construcción entre todos” advierte Jéfferson Zuluaga Tabares, integrante de este movimiento.

Es por ello que se toman los colegios y se generan jornadas pedagógicas de la mano con otras organizaciones, en aras de invitar a los jóvenes a ser más activos políticamente, para que sean ellos quienes consoliden ideas que le ganen la batalla a la guerra, como lo han venido haciendo iniciativas surgidas desde el Hip Hop y el Grafitti.

Si bien han logrado impactar positivamente en las escuelas de la mano de los profesores, confiesan que la inversión estatal les ha limitado en sus prácticas, pues asegura Sara Aguirre, coordinadora regional de ANDES, que “existe un problema de financiación frente a los insumos y pagos a profesores, ya que el Producto Interno Bruto (PIB) destinado a la educación bajó del 4,9 en 2014 a 3,5 en 2015, cuando el Gobierno aseguró que sería solo 3,8”.

Para remediar tal situación, la Asociación propone que parte de los impuestos que anteriormente se destinaban a la guerra, se redireccionen a la mejora integral de la educación, en temas como el pago a docentes, la entrada en vigencia de la jornada única estudiantil y en cuestiones como la alimentación escolar y el mejoramiento de la infraestructura de los colegios.

Estas peticiones llaman a una coherencia por parte del Estado, donde actualmente se tiene como bandera que la mejor arma para combatir la guerra es la educación, así como la participación activa de la comunidad en la construcción de territorios de paz. Como bien lo enuncia Ortiz: “todos los sectores de la población (afro, LGTBI, mujeres, campesinos) se apropiaron del tema de la paz. El pueblo se empoderó de este tema. El pueblo ya es consciente”.

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